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Kantares
Yo te amé por encima de los muros ,
de la sangre, del fuego, del olvido,
Fui paloma torcaz, león herido
esclavo de tus prisas,
tus risas, tus caricias,
tus apuros para ser
como el resto de la gente :
saber qué día es hoy de la semana,
comprar tabaco,
descifrar un mapa,
y tras titánico esfuerzo de tu mente,
tener una visión aproximada
del precio de la carne,
los horarios del sábado en la tele,
la hora de la cena,
del gozo, la alegría y de la pena.
Ya sé que soy un tipo insoportable
que quiere ser Gark Gable,
tener razón, estar en la pomada
y hacer lo que le viene en gana :
ver los partidos sin preguntas ni llamadas,
invitar los amigos a mi casa,
y leer el Marca tranquilo a las mañanas,
pero te quiero con amor de hombre
y no soy nada si no escucho mi nombre
en el cráter caliente de tu boca ;
pero estoy - de verdad - hasta la gorra
de padecer tu código de hierro
pagando tus caprichos y a mi costa,
rellenes la quiniela de mi muerte,
aduciendo
tras años de placer
y relación feliz de la pareja -
que tu pasión
de ser pentecostés y epifanía,
deviene de un brochazo en frigidez ;
y como yo no atiendo tu lamento,
ni me avengo a variar de testamento
ni estoy por la labor, ni avalo tus errores,
soy cátaro en la hoguera
y habito en la mansión de tus horrores.
Hembra de soledad, ojos dorados,
desolación es mi último paisaje,
perdido en la arboleda de tu exilio,
repartiré mi invierno con los lobos
y jugaré a los dados contra Alzehimer.
Y
Sonetos
Lejano de tu tacto y de tu afecto
adicto de tus besos acolchados,
sin tu droga , mis sueños derribados
naufragan en tu eterno laberinto.
Un niño sin amor, albo recinto
desecho de tus pechos sollozados.
Mis ojos arrancados, ya oxidados,
se niegan a buscar calor distinto
Rompe el cristal la noche de tu queja,
mi cuerpo recrecido en gris abeto
se extingue sin la savia de tu aliento
¡ Oh corazón de hiel, ardua pareja ¡
inventará mi pena un alfabeto
y grabaré tu nombre contra el viento.
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